jueves, 15 de noviembre de 2012

Primera vez.....


Ana llevaba meses nerviosa pensando en aquel encuentro. Nerviosa, impaciente pero anhelosa de llegara el ansiado momento. Estaba temerosa de tenerle enfrente. Aquellos besos furtivos, temblorosos que se habían dado poco tiempo atrás, sólo habían incendiado más una pasión que crecía a cada momento.

Ella no paraba de recordar aquel el  instante que se vieron por primera vez. Se sentía devorada por la mirada de él. Aquellos ojos marrones tan transparentes dejaban ver lo que las palabras no podían ni eran capaces de decir.  Corriente, conexión, unión, feeling…. Tantas sensaciones aun por descubrir.

Su mente no quería despegarse de los recuerdos de aquella tarde de verano, cuando por casualidad premeditada, se encontraron solos uno frente al otro. Ana con una serenidad que ocultaba su gran nerviosismo, sus manos temblorosas y que con fuerza él se las agarró, entrelazándolas con las suyas. El roce de sus dedos.  La miró y sin mediar palabra la besó. Sus labios se acoplaron a la perfección, sus lenguas se buscaban en una sintonía perfecta. Sus brazos la rodearon como queriendo impedir que se escapara. Ana no tenía intención de escaparse de la prisión de aquel calor, de aquel cariño, de aquella pasión.

Se besaban, se miraban, el metía los dedos entre su pelo, acaricia su mejilla. La apretaba contra su cuerpo. Un constante y continuo deseo de darle todos los mimos que no había tenido ocasión de ofrecerle.

Un beso en el cuello que hoy pasado el tiempo un hace que le corra un escalofrío por toda la espalda.  Se sentía como una adolescente en su primera cita con su primer amor.

Se miraron a los ojos un instante, instante en que su corazón quedó  al descubierto y de sus labios brotó un te quiero. A ella se le encogió el estomago y solo atendió a responder; yo también.

Se besaron como si no hubiese mañana. Como si cada beso quisiera demostrar todo lo que habían callado, todo lo que se habían guardado por miedo, por temor. Esos besos eran como una consumación  de los sentimientos que intentaran aplacar. Esos besos que devoraban como si en sus labios hubiese hambre atrasada.

Ana con los ojos cerrados tumbada en cama, sentía los besos como si fuese hoy mismo. Sentía su calor. Su aroma le impregnaba los sentidos. Seguía recordando cada momento como si de una película a cámara lenta se tratase.

Los dos sabían que ese primer encuentro de sus pieles sólo era el principio. Ya no había vuelta atrás. Acababan de pasar aquella línea que ambos tenían tanto temor de cruzar.

Como en todo encuentro, también llegaría la hora de la despedida. Decirse adiós no, simplemente hasta pronto.  Fue duro despegarse de aquel cuerpo deseoso de poseerla, de aquellas manos que se aferraban a las suyas. Pero el tiempo apremiaba y no podían dilatarlo más.

Sus miradas prometieron volver a cruzarse. Y poco a poco fueron poniendo centímetros, metros entre los dos. Cada uno volvió por donde había llegado.

Ahora ella planeaba ese nuevo encuentro. Estar juntos otra vez, sin prisa, solo los dos. Uno para el otro y otro para uno, y decidir que hacer  con lo que ese día había nacido. Ser uno sólo. Entregarse a él en cuerpo en alma y poseer su corazón y su ser.

Aquel día se fue como llegó, como un espejismo pero en el corazón de Ana se había encendido una llama difícil de apagar. Y que ahora simplemente buscaba y conseguiría hacerlo realidad.

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