A ti poeta…
Que ocultas entre bellas palabras
lo doloroso que sufre
tu alma perdida.
A ti poeta…
Que prefieres soñar paraisos
mientras vives oculto
por la sombra espesa.
A ti poeta…
De grandes e infinitos pensamientos
aún por escribir en la temida
hoja en blanco.
A ti poeta…
Que no amas a quien quieres y deseas
por eso juegas con el miedo
de enamorarte.
A ti poeta…
Que sufres en silencio solitario,
tu soledad de incomprensión
constante.
A ti poeta…
A ti poeta…
sábado, 14 de abril de 2012
lunes, 9 de abril de 2012
Mientras tú y yo estamos solos
La luna muestra su rostro enrojecido de llorar,
una niña triste por su muñeca destrozada.
Gitanos que cantan alegremente sus coplas
Mientras tú y yo estamos solos…
Guerras lejanas suenan en el tiempo.
Grandes héroes permanecen olvidados.
Locuaces jóvenes bailan a su ritmo
Mientras tú y yo estamos solos…
Insomnio se produce en el solitario anciano.
Hijos que viven con aire despreocupado.
Chiquillos inocentes juegan alegremente.
Mientras tú yo estamos solos…
Maletas sin rumbo viajan en el tren.
Desconocidos que charlan del tiempo.
Ladrones roban su pequeña necesidad.
Mientras tú y yo estamos solos…
El mar, ciudad de curtidos marineros
determina peligrosos e intermitentes oleajes
y su gran quietud muestra a nuevos amantes.
Mientras tú y yo estamos solos…
Perdemos la noción de la realidad.
Anhelamos poesía del desconocido.
Amarnos es un gran y ferviente deseo.
Mientras tú y yo estamos solos…
una niña triste por su muñeca destrozada.
Gitanos que cantan alegremente sus coplas
Mientras tú y yo estamos solos…
Guerras lejanas suenan en el tiempo.
Grandes héroes permanecen olvidados.
Locuaces jóvenes bailan a su ritmo
Mientras tú y yo estamos solos…
Insomnio se produce en el solitario anciano.
Hijos que viven con aire despreocupado.
Chiquillos inocentes juegan alegremente.
Mientras tú yo estamos solos…
Maletas sin rumbo viajan en el tren.
Desconocidos que charlan del tiempo.
Ladrones roban su pequeña necesidad.
Mientras tú y yo estamos solos…
El mar, ciudad de curtidos marineros
determina peligrosos e intermitentes oleajes
y su gran quietud muestra a nuevos amantes.
Mientras tú y yo estamos solos…
Perdemos la noción de la realidad.
Anhelamos poesía del desconocido.
Amarnos es un gran y ferviente deseo.
Mientras tú y yo estamos solos…
jueves, 5 de abril de 2012
Alguien falta a mi lado
Esta noche alguien falta a mi lado,
le invoco con gran alevosía
pero no responde a mi llamada.
Finge que se la lleva el viento.
Mi recuerdo se consuela con citas
de retazos de momentos vividos,
obligándome a no mirar
la bocanada de humo que lo oculta.
El equilibrio del universo
me concede la armonía
del momento que da el reverso
para fingir falsa tranquilidad.
Trae una experiencia secreta,
para guardar con celosía
de una gran sabiduría emotiva.
Fantástica sorpresa lo pasado
sin poder ni reaccionar ni frenar
un presagio dispuesto por otros
y por mi interior hallado disfrutado.
Esta noche alguien falta a mi lado
Y solo su recuerdo es mi compañía.
le invoco con gran alevosía
pero no responde a mi llamada.
Finge que se la lleva el viento.
Mi recuerdo se consuela con citas
de retazos de momentos vividos,
obligándome a no mirar
la bocanada de humo que lo oculta.
El equilibrio del universo
me concede la armonía
del momento que da el reverso
para fingir falsa tranquilidad.
Trae una experiencia secreta,
para guardar con celosía
de una gran sabiduría emotiva.
Fantástica sorpresa lo pasado
sin poder ni reaccionar ni frenar
un presagio dispuesto por otros
y por mi interior hallado disfrutado.
Esta noche alguien falta a mi lado
Y solo su recuerdo es mi compañía.
jueves, 29 de marzo de 2012
Las musas
Suéñame en cada instante,
Suéñame en cada caricia,
Y me tornaré real.
Nota mi aliento en tu cuello.
Mi mano en tu pelo.
Mi cuerpo pegado a tu ser.
Soy luz en tu oscuridad.
Fantasía en tu dormir.
Pensamiento en tu mente.
Imaginación en tu realidad.
Ámame y me sentirás.
Despiértame y revivirás.
Pronúnciame y tuya seré.
Suéñame a cada instante.
Suéñame a cada minuto.
Suéñame, suéñame, suéñame
Y siempre me tendrás.
Suéñame en cada caricia,
Y me tornaré real.
Nota mi aliento en tu cuello.
Mi mano en tu pelo.
Mi cuerpo pegado a tu ser.
Soy luz en tu oscuridad.
Fantasía en tu dormir.
Pensamiento en tu mente.
Imaginación en tu realidad.
Ámame y me sentirás.
Despiértame y revivirás.
Pronúnciame y tuya seré.
Suéñame a cada instante.
Suéñame a cada minuto.
Suéñame, suéñame, suéñame
Y siempre me tendrás.
sábado, 24 de marzo de 2012
Los miedos
Eran bastardos usurpadores
con ingredientes de normalidad.
Tenían una alevosía malvada
que los hacía enigmáticos con identidad.
Con ellos se estremecían mis miedos,
me subían por la garganta
asaltando mi sospecha
incrementada por la distancia.
Era una misteriosa armonía
creando la criatura perfecta,
que se aferraba con certeza al amor.
Disponiendo dosis de serenidad
que encajaban el rompecabezas.
Diseñamos un ser aburrido,
con envidia intuitiva y elemental.
Pero que dejaba tras de si
tremendas y dramáticas secuelas.
Todo era una gran obra,
parte un sortilegio medieval,
Traicionado por su fuerza titánica
Que ahora su frágil cuerpo albergaba.
Aquello era contrariar
el doble sentido de la naturaleza
y el azar de la infinita soledad.
Solo quedaba someterse
a una punzada de dolor.
Dispuesta a plegarse a su rumbo
improvista estaba la bruja adivina.
Pero sabia y sobradamente vieja.
Ocultaba su retorcida interpretación
de aquella pequeña broma infantil
o una insólita velada de libertinaje.
con ingredientes de normalidad.
Tenían una alevosía malvada
que los hacía enigmáticos con identidad.
Con ellos se estremecían mis miedos,
me subían por la garganta
asaltando mi sospecha
incrementada por la distancia.
Era una misteriosa armonía
creando la criatura perfecta,
que se aferraba con certeza al amor.
Disponiendo dosis de serenidad
que encajaban el rompecabezas.
Diseñamos un ser aburrido,
con envidia intuitiva y elemental.
Pero que dejaba tras de si
tremendas y dramáticas secuelas.
Todo era una gran obra,
parte un sortilegio medieval,
Traicionado por su fuerza titánica
Que ahora su frágil cuerpo albergaba.
Aquello era contrariar
el doble sentido de la naturaleza
y el azar de la infinita soledad.
Solo quedaba someterse
a una punzada de dolor.
Dispuesta a plegarse a su rumbo
improvista estaba la bruja adivina.
Pero sabia y sobradamente vieja.
Ocultaba su retorcida interpretación
de aquella pequeña broma infantil
o una insólita velada de libertinaje.
viernes, 23 de marzo de 2012
El tiempo
El tiempo se ha vuelto
un despiadado enemigo,
no me deja quedar atrás.
Sigue un perfecto orden.
Aislando a su batallón
haciéndole sufrir escalofríos
al más despiadado general.
Fascinante consigna
recuerda su abrumante poder.
Nos entorpece en empeño
fatídico de sobrevivir.
Limita nuestra posibilidad.
Lleva al desastre imparable
nuestras ansias de triunfar.
Somos frágiles marionetas
en sus viejas y sabias manos.
Quedamos convencidos de un fin
aun lejano y pero por determinar.
un despiadado enemigo,
no me deja quedar atrás.
Sigue un perfecto orden.
Aislando a su batallón
haciéndole sufrir escalofríos
al más despiadado general.
Fascinante consigna
recuerda su abrumante poder.
Nos entorpece en empeño
fatídico de sobrevivir.
Limita nuestra posibilidad.
Lleva al desastre imparable
nuestras ansias de triunfar.
Somos frágiles marionetas
en sus viejas y sabias manos.
Quedamos convencidos de un fin
aun lejano y pero por determinar.
jueves, 22 de marzo de 2012
Estoy aqui
Sentía que estaba sola en el medio de tanta gente. El teléfono no dejaba de sonar al otro lado. Nadie parecía oírlo. Era una pesadilla que se repetía en mi mente. Aquel timbre
constante no cesaba, aún cuando el aparato estaba colgado. No podía ser.
Las diez daba el reloj. Las diez y cuarto, aquello era imposible. Las once. El tiempo pasaba sin poder pararlo.
Luchaba con el incesante seguir de las agujas que parecían no querer detenerse.
De repente, una voz al otro lado. La reconocía, y la mía era entrecortada. No sabía que decir. Por mi parte un largo silencio. Un instinto involuntario, que no podía remediar. Intentaba no
pensar, era lo que necesitaba ahora, mejor dicho; olvidar.
Mi cuerpo y mi alma pedían sosiego. Tal vez mañana despertaría y todo sería un mal sueño de mi fantástica mente. Mi voz era casi inaudible. Preguntaba si estaba bien. Alcancé a decir
que si, y suplicar que vinieran a por mi.
Mis palabras sonaban a lo lejos, como si estuviera a kilómetros desde el momento de pronunciarlas. Colgué sin decir donde me encontraba, y la batería muerta.
La espera fue larga, casi eterna.
La noche totalmente negra y vigilante me acompañaba. Mientras las luces de los coches me daban esperanzas de que sería el fin de mi tortura.
Tenía espectadores muy especiales, que me observaban con cierto interés. Era su diversión y un sufrimiento doloroso para mi.
Pasaban a mi lado y volvían a pasar. Mis ojos mostraban una indiferencia asqueada.
Empecé a sentir punzadas en el estomago. Era difícil olvidarlas, estaban muy presentes. Quería evadirme pero Dios no me quiso ayudar.
Era cierto, volviera. Pero no sabía si era la mejor solución. Luchaba contra un deseo de volver a aquel infierno o dejarme en las garras de los míos.
Mientras divagaba, los demás iban felices y sin preocupaciones. Se divertían de una manera normal. Yo no podía.
Aquello me marcara. Ahora era un ser diferente a ellos. Como si llevase un sello de identificación en la frente.
No había forma de quitármelo. Ellos no veían el suyo claramente pero también lo llevaban por dentro.
La espera se hacía larga, demasiado larga. Me estaba volviendo loca. Tantos coches pasando y ninguno se detenía, ninguno era para mi.
Por fin uno paró a mi lado. Por fin había llegado y con él un infierno mayor. Ahora debería empezar el relato de mi desaparición.
¿Qué efecto causaría? Lo vería en sus caras cuando rematara de hablar.
constante no cesaba, aún cuando el aparato estaba colgado. No podía ser.
Las diez daba el reloj. Las diez y cuarto, aquello era imposible. Las once. El tiempo pasaba sin poder pararlo.
Luchaba con el incesante seguir de las agujas que parecían no querer detenerse.
De repente, una voz al otro lado. La reconocía, y la mía era entrecortada. No sabía que decir. Por mi parte un largo silencio. Un instinto involuntario, que no podía remediar. Intentaba no
pensar, era lo que necesitaba ahora, mejor dicho; olvidar.
Mi cuerpo y mi alma pedían sosiego. Tal vez mañana despertaría y todo sería un mal sueño de mi fantástica mente. Mi voz era casi inaudible. Preguntaba si estaba bien. Alcancé a decir
que si, y suplicar que vinieran a por mi.
Mis palabras sonaban a lo lejos, como si estuviera a kilómetros desde el momento de pronunciarlas. Colgué sin decir donde me encontraba, y la batería muerta.
La espera fue larga, casi eterna.
La noche totalmente negra y vigilante me acompañaba. Mientras las luces de los coches me daban esperanzas de que sería el fin de mi tortura.
Tenía espectadores muy especiales, que me observaban con cierto interés. Era su diversión y un sufrimiento doloroso para mi.
Pasaban a mi lado y volvían a pasar. Mis ojos mostraban una indiferencia asqueada.
Empecé a sentir punzadas en el estomago. Era difícil olvidarlas, estaban muy presentes. Quería evadirme pero Dios no me quiso ayudar.
Era cierto, volviera. Pero no sabía si era la mejor solución. Luchaba contra un deseo de volver a aquel infierno o dejarme en las garras de los míos.
Mientras divagaba, los demás iban felices y sin preocupaciones. Se divertían de una manera normal. Yo no podía.
Aquello me marcara. Ahora era un ser diferente a ellos. Como si llevase un sello de identificación en la frente.
No había forma de quitármelo. Ellos no veían el suyo claramente pero también lo llevaban por dentro.
La espera se hacía larga, demasiado larga. Me estaba volviendo loca. Tantos coches pasando y ninguno se detenía, ninguno era para mi.
Por fin uno paró a mi lado. Por fin había llegado y con él un infierno mayor. Ahora debería empezar el relato de mi desaparición.
¿Qué efecto causaría? Lo vería en sus caras cuando rematara de hablar.
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