viernes, 11 de mayo de 2012

Una copa de vino


Sentado en  el sofá con la copa de vino en la mano, la miraba. Era una visión poderosa. Ella me sonreía con picardía disfraza de timidez. Jugaba a desafiar mi interés sin mediar más palabras que las que emanaba su cuerpo. Evocaba mis sentidos y despertaba mis instintos.


Jugaba con su pelo mientras no dejaba de analizar mis respuestas. Recorría cada centímetro de su figura vestida. Me provocaba. Controlaba su sensualidad con gran maestría.


 Movía la copa, aspiraba su aroma como si el de ella fuese. Le di un sorbo al vino y mientras recorría mi garganta, imaginaba mis dedos paseando por su piel ardiendo y deseoso de ser tocado.


Cruzábamos miradas llenas de excitación.  Su mano acariciaba su cuello. Era una sutil invitación que no quería rechazar. El vino  y sus feromonas aumentaban la temperatura de la habitación.  Todo ella era sensualidad. Desde la manera de cruzar sus piernas, sus ademanes, su forma de mirar, como se mordía el labio, su lengua juguetona.


Mi imaginación no podía dejar de mandar a mi mente mensajes. Embelesado disfrutaba de la visión de aquella mujer menuda pero tremendamente fascinante.


Me acerqué a la mesa sin dejar de penetrarla con la mirada.  Ella seguía mis movimientos sin perturbarse. Deposité mi copa a modo de rendición. Sonrió, aceptando mi sumisión. Se acomodó dejando un hueco a su lado.  Me senté obediente y sin mediar mas palabra que la del deseo la besé. Su boca se entreabrió para saborear mi boca, jugar con mi lengua.


En ese beso perdí la noción del tiempo. Mi mano enredada en su pelo, y la otra en su espalda, que poco a poco recorría su muslo. Su facilidad para ir desabotonando mi camisa sin dejar de motivar mis ansias de tenerla toda para mi. Poco a poco me fui perdiendo en su cuerpo, amando su ser, degustando su aroma. Era la locura mas placentera sufrida.


-Rinnngggggg


Sonaba el teléfono. Me incorporé. Miré  alrededor. La copa volcada y un reguero rojo en el poluto sofá que terminaba en un pequeño charco en el suelo. Y enfrente, nada. Estaba el salón vacio de su presencia. Ella no estaba.


De nuevo cerré los ojos. Cogí la copa y de nuevo ella frente a mí. Me miraba, me incitaba y volví a sucumbir.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Una experiencia




Sienta bien estar de nuevo en casa. Fue lo primero que pensé al despertarme. Al  llevar tanto tiempo fuera y volver a tu cuarto de la infancia es extraño. Parecía de otra persona, pero guardaba la esencia de la inocencia dejada atrás.


Visitas a familiares, a amigos y lugares. Toda una felicidad para el cuerpo y el alma. La sencillez de mi lugar de nacimiento era lo que necesitaba para rencontrarme.  Pero algo perturbó aquella calma. Mi padre, como siempre, a la hora de comer conectó el televisor. Esa costumbre  no había cambiado. Ver las noticias al mediodía era y seguía siendo sagrado en casa, como un complemento más de la reunión familiar.


Yo desconectaba, pues pensaba que era más de lo mismo. Sin percatarme me vi prestando atención al presentador uniformado. Otra catástrofe en nuestra tierra. Un petrolero estaba encallado en la costa. Otra vez no, no podía ser. Pues si, la historia parecía repetirse.  En principio no suponía riesgo de fuga de fuel, pero esas cosas nunca se saben.


Los políticos de turno haciendo declaraciones para llamar a la tranquilidad. Ecologistas por el contrario, advertían de lo peligroso que se podía volver si no se actuaba a tiempo y sin demora. La marea podría llevar el fuel a la costa, si llegase  a producirse algún escape, y sería fatal.


 No podía pensar lo que ocurriría si los malos presagios se hacían realidad. Enseguida cambiaron a otros temas, pero mi cabeza no dejo de mandarme mensajes de preocupación.


En los días posteriores decidí retomar viejas amistades. Así que las horas transcurrían entre cafés, cañas y de paso buscar algún empleo u ocupación. Pero las noticias sobre el carguero no pararon de aparecer en los medios, siendo cada vez más frecuentes y preocupantes.  El crudo estaba vertido en el mar y se acercaba a la costa. Las imágenes eran espectaculares y la tragedia aún mayor.


No paraba de decirme a mi mismo que tenía que hacer algo, no quería quedarme de brazos cruzados. Esa idea me rondaba en la cabeza. No podía  dejar de darle vueltas. Era un run run constante. Era como un torbellino de pensamientos hasta que las imágenes de gente acercándose a la playa para limpiar aquella masa negra que lo empezaba a cubrir todo, me impactó.


De nuevo  el televisor amenizó la comida, mas bien la avinagraba. Las noticias ya eran monotemáticas. Un rayo de esperanza se vislumbraba entre tanta negrura, gente limpiando las playas, con palas, cubos… cualquier cosa valía para esa personas solidarias. En silencio mirábamos  y callábamos. Eran de esos momentos que las palabras solo estorbaban.


Algo en mi interior se revolvía, como si quisiera salir. De repente un grito surgió de mi garganta:


-Me voy allí.


Mi padre me miró con cara de extrañado y sorprendido por lo imperativo de mis palabras.


-¿Te vas a donde?


Por un segundo, mi mente se bloqueó y un nudo en la garganta casi ni me dejaba hablar. Finalmente musite:


-Allá me voy- señalando el televisor.


-¿Pero que se te perdió a ti allí?- indagó mi padre mirándome.


No supe que contestar. Me callé, me senté y seguí comiendo.


Al día siguiente, me levanté temprano. Preparé una mochila con lo básico y me despedí por unos días. Nadie hizo preguntas, estaban acostumbrados a mis ausencias. Aunque era extraño, acaba de llegar y me volvía a marchar.


Me encaminé hacia la estación, con caminar tranquilo pero mis pasos eran firmes y temerosos a la vez.  Al llegar allí había muchos jóvenes, mayores… la mayoría con mochilas. Sospeché que llevarían el mismo destino que yo. Eso me hizo reflexionar que la juventud no estaba tan perdida como nos querían hacer creer.


Llegó el tren, y la estación se fue vaciando, quedando desierta. Me acomode en un asiento y mirando por la ventanilla se inició el trayecto.  Los arboles, las montañas, lo verde de nuestra tierra, tan llena de vida.  El azul de nuestras aguas, la arena de nuestras playas, la grandeza de nuestro mar ahora dañado. Con esos pensamientos iban pasando las horas, haciendo el viaje corto.


Cuando se detuvo el tren, empezaron a apearse los pasajeros. No uno, ni dos, ni tres…sino una marabunta de personas. Y como si de una procesión se tratase nos dirigimos por las calles del pueblo desierto. Alguna señora en la puerta de una casa nos miraba entre curiosidad y satisfacción.


Según nos acercábamos a la playa, la gente se iba parando con la mirada perdida fijada en aquella impactante imagen. Era un manto negro salpicado de bultos blancos que se iban tiñendo de negro por el fuel.


Repartían los monos, los guantes, las mascarillas, los cubos, las palas, todo en la entrada de la playa. Ni los vi. Mis ojos estaban clavados en aquella imagen distorsionada e infernal pintada con un rayo de esperanza. Mientras me acercaba, la masa pegajosa lo impregnaba todo. Había toneladas y toneladas de mierda. Si era una mierda todo aquello, mierda era lo que había destruido la vida de tanta gente. El  desastre, naturaleza muerta que casi no se podía apreciar. La otra mierda era  incompetencia de los políticos, mierda mierda y más mierda.


Lo peor vino después. Me sobresalté al ver mover aquella asquerosa mancha negra, como si tuviera vida.  Entre miedo y curiosidad me acerqué. Mi sorpresa fue mayúscula al ver una gaviota moribunda, intentando aletear para salir airosa de la prisión  que sin buscarlo estaba sometida. Intente salvarla, pero su sentencia ya estaba dictada.


Pase semanas limpiando aquello. Buenas amistades, grandes historias y cambios en la forma de pensar, todo eso ocurrió. Mi cuerpo seguía siendo el mismo, pero muchas cosas se transformaron dentro de mí. Fue una gran experiencia.


Ahora tiempo más tarde, y mirado desde la lejanía,  no he conseguido eliminar aquella imagen de  mi retina, ni de mi recuerdo. Hoy, en la distancia, parece todo volver a la normalidad. Ya nadie habla lo recuerda, de la catástrofe que fue aquello. Pero en mi mente  sigue anclada aquella gaviota como metáfora de todo lo que  fue.







sábado, 14 de abril de 2012

A ti poeta

A ti poeta…
Que ocultas entre bellas palabras
lo doloroso que sufre
tu alma perdida.
A ti poeta…
Que prefieres soñar paraisos
mientras vives oculto
por la sombra espesa.
A ti poeta…
De grandes e infinitos pensamientos
aún por escribir en la temida
hoja en blanco.
A ti poeta…
Que no amas a quien quieres y deseas
por eso juegas con el miedo
de enamorarte.
A ti poeta…
Que sufres en silencio solitario,
tu soledad de incomprensión
constante.
A ti poeta…
A ti poeta…

lunes, 9 de abril de 2012

Mientras tú y yo estamos solos

La luna muestra su rostro enrojecido de llorar,
una niña triste por su muñeca destrozada.
Gitanos que cantan alegremente sus coplas
Mientras tú y yo estamos solos…
Guerras lejanas suenan en el tiempo.
Grandes héroes permanecen olvidados.
Locuaces jóvenes bailan a su ritmo
Mientras tú y yo estamos solos…
Insomnio se produce en el solitario anciano.
Hijos que viven con aire despreocupado.
Chiquillos inocentes juegan alegremente.
Mientras tú yo estamos solos…
Maletas sin rumbo viajan en el tren.
Desconocidos que charlan del tiempo.
Ladrones roban su pequeña necesidad.
Mientras tú y yo estamos solos…
El mar, ciudad de curtidos marineros
determina peligrosos e intermitentes oleajes
y su gran quietud muestra a nuevos amantes.
Mientras tú y yo estamos solos…
Perdemos la noción de la realidad.
Anhelamos poesía del desconocido.
Amarnos es un gran y ferviente deseo.
Mientras tú y yo estamos solos…

jueves, 5 de abril de 2012

Alguien falta a mi lado

Esta noche alguien falta a mi lado,
le invoco con gran alevosía
pero no responde a mi llamada.
Finge que se la lleva el viento.
Mi recuerdo se consuela con citas
de retazos de momentos vividos,
obligándome a no mirar
la bocanada de humo que lo oculta.
El equilibrio del universo
me concede la armonía
del momento que da el reverso
para fingir falsa tranquilidad.
Trae una experiencia secreta,
para guardar con celosía
de una gran sabiduría emotiva.
Fantástica sorpresa lo pasado
sin poder ni reaccionar ni frenar
un presagio dispuesto por otros
y por mi interior hallado disfrutado.
Esta noche alguien falta a mi lado
Y solo su recuerdo es mi compañía.

jueves, 29 de marzo de 2012

Las musas

Suéñame en cada instante,
Suéñame en cada caricia,
Y me tornaré real.
Nota mi aliento en tu cuello.
Mi mano en tu pelo.
Mi cuerpo pegado a tu ser.
Soy luz en tu oscuridad.
Fantasía en tu dormir.
Pensamiento en tu mente.
Imaginación en tu realidad.
Ámame y me sentirás.
Despiértame y revivirás.
Pronúnciame y tuya seré.
Suéñame a cada instante.
Suéñame a cada minuto.
Suéñame, suéñame, suéñame
Y siempre me tendrás.

sábado, 24 de marzo de 2012

Los miedos

Eran bastardos usurpadores
con ingredientes de normalidad.
Tenían una alevosía malvada
que los hacía enigmáticos con identidad.
Con ellos se estremecían mis miedos,
me subían por la garganta
asaltando mi sospecha
incrementada por la distancia.
Era una misteriosa armonía
creando la criatura perfecta,
que se aferraba con certeza al amor.
Disponiendo dosis de serenidad
que encajaban el rompecabezas.
Diseñamos un ser aburrido,
con envidia intuitiva y elemental.
Pero que dejaba tras de si
tremendas y dramáticas secuelas.
Todo era una gran obra,
parte un sortilegio medieval,
Traicionado por su fuerza titánica
Que ahora su frágil cuerpo albergaba.
Aquello era contrariar
el doble sentido de la naturaleza
y el azar de la infinita soledad.
Solo quedaba someterse
a una punzada de dolor.
Dispuesta a plegarse a su rumbo
improvista estaba la bruja adivina.
Pero sabia y sobradamente vieja.
Ocultaba su retorcida interpretación
de aquella pequeña broma infantil
o una insólita velada de libertinaje.